Comer fuera de casaHoy en día, el comer fuera de casa y/o pedir comida a domicilio se ha convertido en un hecho habitual, dada la falta de tiempo para dedicar a la cocina, sumado a la mayor practicidad que ello implica. Pero para lograr que estos alimentos sean inocuos, es decir, que no generen un daño a la salud de quienes los consumen, es preciso contemplar ciertos requisitos fundamentales al momento de su elección. El principal aspecto a considerar es el estado microbiológico del alimento, es decir, evitar o reducir al mínimo el desarrollo de bacterias, levaduras y hongos que, no sólo pueden alterar el sabor, color y aromas del alimento, sino también, y muy importante, pueden ocasionar infecciones o intoxicaciones alimentarias. Las primeras se manifiestan por el consumo de alimentos con alto contenido de microorganismos, producen por la acción de toxinas microbianas, es decir, productos del metabolismo de los microorganismos que resultan tóxicos para nuestro organismo. El efecto de dichas enfermedades se refleja generalmente en malestares digestivos, aunque pueden existir consecuencias más graves dependiendo del tipo de infección o intoxicación sufrida (un ejemplo clásico, pero muy grave, es la intoxicación por la toxina botulínica, con efectos incluso mortales). Para lograr evitar o reducir al mínimo la contaminación microbiana, en general se aplican diferentes tratamientos según el tipo de producto y su destino. Cuando el producto se consume cocido, la mayoría de las veces se aplica calor para destruir los microorganismos que puedan estar presentes, sobre todo los que son causantes de enfermedades. Es conocido el dicho “el calor mata todo”, pero no sólo debe considerarse la alta temperatura para lograr ese efecto, sino también el tiempo al que es sometido el alimento. No sirve da nada calentar un producto a altas temperaturas si no se mantiene un cierto tiempo (resultado de estudios previos) en esas condiciones