
Es importante saber, que hacer una consulta, en primer lugar, no es ya de por sí, la solicitud de un tratamiento, que por sentir la necesidad de compartir lo que me sucede con un profesional, y, por fuera de mi círculo, no es la cristalización del mismo, que habrá un recorrido de algunos encuentros, que tal vez, se agote allí, o cabe la posibilidad de que sienta que el encuentro si bien es fructífero, no resuelve por completo nudos añejos, que merecen dedicarle más tiempo, puesto que están de algún modo presentes en mi vida actual.
Que no estoy allí para ser juzgado, sentado en el banquillo de los acusados, sino muy por el contrario, sentado con un profesional, que me prestará todo su conocimiento, tanto como su capacidad humana, para que sepamos que me está pasando.
Que por el hecho de realizar una consulta, o de comenzar un tratamiento, no me convierto en alguien que no puede resolver sus problemas solo, todo lo contrario, en alguien que le da gran valor a la vida, y la quiere recorrer, de la mejor manera posible, alguien que se escucha, y siente, que las cosas, no andan del todo bien. Aún fuera del ámbito terapéutico, los mejores descubrimientos, las mejores soluciones, se encuentran en el intercambio con otros, y no en soledad, sino nutridos por alguien, que nos enriquece y aporta, que nos ayuda a mirar nuestra realidad de una manera más amplia, acercando nuevas perspectivas.
Pero volviendo a la consulta, mucho menos significa, que no estoy apto, todo lo contrario, dedicarme un momento y un lugar, solamente para pensarme, para conectarme realmente con lo que siento, es justamente una demostración, que por más confundido que me sienta, hay una parte que calma dentro de mí, que percibe, que las cosas se están poniendo difíciles, que no logro encontrarles la vuelta, que no logro disfrutar con las cosas o personas, con las que antes sí.
Si, por ejemplo alguien ha sufrido una larga serie de pérdidas, entonces verá al mundo a través del cristal de la pérdida.
Un tratamiento (individual), es un encuentro con alguien, que nos acompañará en este recorrido, que implicará un reencuentro genuino con nosotros mismos. Donde descubriremos las cosas que nos potencian, que nos hacen sentir bien, las que nos disgustan, que nos dan rabia, o tristeza, o las que simplemente parece que han dejado de existir, de las que sin ninguna explicación aparente, nos hemos distanciado, actividades, personas, o cosas, que en algún momento de nuestras vidas fueron importantes.
Éste recorrido, a veces apasionante, y otras doloroso, nos permitirá recuperar, desechar, reciclar, posibilidades de vínculos que parecían estar dormidos. Esto sucede, porque muchas veces la desconexión, ha sido la mejor forma que hemos encontrado para evitar sufrir, sin saber que ha tenido el costo enorme, de la renuncia a ser nosotros mismos.
Otro aspecto importante, a la hora de realizar una consulta, es tener en cuenta, las características del futuro terapeuta, ya que harán que nos sintamos más cómodos con algunos que con otros, más próximos a unos, más distantes a otros, esto sucederá también respecto a su metodología de trabajo, acorde al modo de entender el psiquismo humano. Debemos tomarnos nuestro tiempo para elegir a la persona, que además de poseer las herramientas académicas adecuadas, encontremos en ella, una caja de resonancia, una confiabilidad que nos permita desplegarnos, abrirnos. Algunas veces, experiencias anteriores frustrantes, las hemos considerado como fallas irreversibles para establecer un nuevo encuentro, sin tener en cuenta que, en muchos casos, encontramos una sintonía distinta a la nuestra, que, como en la vida cotidiana, nos hará preferir la compañía de unos, que de otros. Es por esto, que el vínculo que establecemos con el psicoterapeuta es de enorme importancia, para iniciar ese recorrido.
La construcción de esta relación terapeuta-paciente, será por sí misma, un agente de cambio.
Si bien es bastante frustrante, que cuando uno padece un grado de sufrimiento importante, no encuentre el adecuado compañero de viaje, que esto, no nos impida seguir con la búsqueda, o por qué no, plantearnos que tal vez, no sea el momento oportuno para embarcarse en este recorrido, como también, otra multiplicidad de opciones, que pueden estar interviniendo en esto.
El tratamiento irá tratando de desenredar: que le pasa…; por qué le pasa, lo que le pasa…; dónde las preguntas, tendrán tanta o más importancia que las respuestas. Cuando nos interrogamos sobre ciertas prácticas que hemos venido realizando, ni saber cuándo, ni por qué, se instala, un momento privilegiado de encuentro con uno mismo. Y ¿por qué sería importante esto?, es que solamente nos podemos encontrar íntimamente con alguien, cuando nos hemos encontrado con nosotros mismos, allí realmente descubrimos, que es lo que realmente necesitamos, deseamos, queremos, buscamos, y probablemente, será más fácil encontrarlo.
Entonces, ¿todas las personas se beneficiarían de un tratamiento? No necesariamente, porque todas la personas somos diferentes, aunque esto no quita, que sufrimos por las mismas cosas, la soledad, desilusiones, el envejecimiento, enfermedad, falta de sentido, elecciones dolorosas, el crecimiento de los hijos, la partida de nuestros seres queridos, nuestras propias limitaciones y por qué no , el enfrentamiento con la muerte. Pero también cuenta la historia de vida, el cómo se suceden los hechos, la intensidad de los mismos, la posibilidad de recuperarnos, de volver a sonreír.
La vida es maravillosa, pero muchas veces, no podemos disfrutar de ella.