
La Autoafirmación, es la función básica de afirmarse a si mismo, y es básica para cualquier intercambio. Es poder expresar con claridad, calma y seguridad la propia necesidad o punto de vista. Poder mostrar y defender nuestras ideas. La capacidad también de poner límites, de valorar la propia percepción de las cosas y el particular sentido intuitivo. Todo lo que nos apoya y nos acerca al coraje de ser quines somos, seres únicos, particulares. Sin miedo a ser rechazados, negados o criticados. Esta función puede ejercerse de un modo maduro o inmaduro. Cuando una persona se maneja de una forma inmadura, se expresa de forma invasiva y desconsiderada. Presenta su necesidad o sentimiento sin tener en cuanta al otro, quien la escucha. Pretende imponer lo propio. En cambio, cuando una persona se comporta de una forma madura, no sólo es capaz de expresar sus necesidades, sentimientos e ideas u opiniones claramente, sino que lo hace de un modo que contempla las posibilidades de recepción del otro. Tiene en cuenta, cuándo se comunica, cómo lo hace y a quién. Además, es capaz, luego, de asumir una actitud receptiva para escuchar la respuesta. Una persona madura en su asertividad pretende proponer, y está abierta a recibir la retroalimentación que pueda provenir del otro en ese momento. Podemos seguir creciendo en la autoafirmación y asertividad. Y esto tiene que ver con continuar transitando el proceso de crecimiento y desarrollo de una vida enriquecida desde el amor que fluye, que damos y recibimos en el intercambio cotidiano y permanente. Todos tenemos el derecho y el deber de ocupar plenamente, sin culpas ni reparos el lugar que en este mundo tenemos asignado, tan sólo por ser, por existir aquí y ahora. Y no necesitamos ser distintos o mejores, ni pedir permiso, ni ser iguales para existir y llevar acabo nuestra particular misión. Lo que nos define como hombres y mujeres no es lo común, sino lo singular. Todos tenemos en nuestro interior algo que es solamente nuestro, que nos hace sentir y responder distinto. Y ya nacemos con esta libertad de ser quienes somos, desde nuestra naturaleza intrínseca. “Este lugar es mío” implica llevar una existencia auténtica, configurándonos y auto- realizándonos, descubriendo y desarrollando nuestra identidad en ese mismo transitar.